Polonia, un baile inolvidable
- Ana Gutierrez
- Jul 26
- 4 min read
Hace 8 años, como regalo de graduación de la maestría, me fui por 10 días a Polonia. ¿Por qué? No recuerdo todas las razones, pero las más resaltantes eran que el pasaje y la bolsa de viaje eran asequibles para mi bolsillo de estudiante sin trabajo. Hoy quiero contarte de este baile inolvidable, motivado por Bad Bunny, que me trajo de vuelta a Polonia.
En mayo del año pasado, junto con 4 amigas, inicialmente nos juntamos para planear un viaje a cualquier lugar cercano para ver a Shakira en vivo, pero Bad Bunny se nos adelantó con un disco que ha marcado a muchos migrantes, incluyéndonos. Y como jugando conseguimos 5 entradas para su presentación en Varsovia.

2 guerras encima, gracias Irán, cambios de trabajo, de casa, realmente un año intenso de por medio, y llegamos. 5 chicas de distintos países, con historias diferentes que cruzaron caminos en Israel, gracias a mí, por cierto. Llegamos a bailar, a disfrutar, a cantar.

Noy, israelí, fue la primera amiga que hice cuando me mudé a Israel en el 2020, nos conocimos en una clase de la universidad y si bien fue una lucha interna dar el primer paso de hablarle, 6 años después seguimos compartiendo vida. Mariia, de origen ucraniano, es mi primera amiga en el espacio laboral israelí. Nos conocimos en una start up, yo en operaciones, ella en el área de soporte. Ahora en diferentes empresas, pero siempre listas para el chisme.
Ma’ayan es mi amiga que representa el inicio de mi etapa bélica en Israel. De origen inglés, mi suegro nos puso en contacto porque ambas éramos extranjeras en Israel viviendo nuestra primera guerra. Liz, colombiana casada con un israelí así como yo, nos conocimos a través de Mixed Neshamot, un proyecto que inicié con 3 amigas para dar soporte y acompañamiento a mujeres extranjeras en proceso de visa de pareja en Israel.

Antes de Polonia, tuve unos días de escala en Barcelona con mi papá. Ha sido una oportunidad de volver a tener esas conversaciones de papá-hija que la distancia a veces no nos permite tener.
Debí tirar más fotos de cuando te tuve
Debí darte más beso' y abrazo' las vece' que pude
Ey, ojalá que los mío' nunca se muden
Y si hoy me emborracho, pues que me ayuden
Suena esta canción en el concierto y pienso en mi papá, que parece que siempre se olvida de que su celular tiene cámara y vive en el presente. Y quizá ese es un punto de diferencia entre él y yo, como persona migrante. Aquellos que dejamos nuestra casa, nos la pasamos tomando fotos, porque vivimos constantemente entre el presente y eso que siempre dejamos atrás.
La primera vez que vine a Polonia me la pasé pensando en el año que terminaba, y lo que se venía. Extrañar al que ahora es mi esposo, estábamos por entrar a una relación a distancia y si bien no teníamos dudas de lo que estábamos construyendo, me daba un poco de ansiedad pensar que había conocido a alguien que me hacía replantear todos mis planes de vida.
¿Han escuchado la canción ojitos lindos? Es una colaboración entre Bad Bunny y Bomba Estéreo (banda que, por cierto, me encantaría ver en vivo algún día). Sonó en el estadio de Varsovia y es como si hubieran escrito la canción para nosotros.
Yo no te busqué, no
Chocamo en el trayecto
Con tu alma es la que yo conecto
Tranquila, no tiene que ser perfecto, no
Y solo mírame con esos ojito' lindo'
Que con eso yo estoy bien
Y sí, vivir en Israel, en especial estos últimos tres años, trajo retos para los cuales yo no estaba preparada, pero cuando sus ojitos azules me miran, pues yo entiendo que vamos a estar bien y que cada día de este viaje migratorio no ha sido en vano.
Tú me enseñaste a querer
Me enseñaste a bailar
Yo sé que la canción habla de un amor que terminó, que pudo ser pero no se logró. Yo lo tomo como que se la dedico a mi Perú, que me enseñó de todo y me hizo la peruana que soy hoy.
No, no te puedo olvidar
No, no te puedo borrar
En Barcelona, almorzamos con un amigo de mi papá, quien me dijo que yo me había olvidado rápido de Perú, que me veía muy cómoda en Israel. Y sí, hoy me siento casi tan local como lo dice mi recién adquirido pasaporte israelí, pero llegar a este estado tomó mucho llanto, negociación con mis propias expectativas y aceptar que la vida cambia.
No sé si en todos sus conciertos, pero en el nuestro Bad Bunny sacó a alguien del público para gritar «Acho PR es otra cosa». Cuando vimos a la chica que escogió en Varsovia, junto con mis amigas, al verla tan empoderada y segura de sí misma, pensamos que quizá era una DJ o cantante famosa.
Luego nos enteraríamos de que era israelí, y su actitud tuvo sentido. El israelí promedio no le tiene miedo a nada; es dueño de sus acciones e inspira confianza y seguridad. Cuando sea grande, quiero ser como Reut.
Por si te parece normal tanta confianza en ti misma con todo el público mirándote, veamos a Djokovic en Inglaterra, haciendo el mismo papel pero con muchísima muchísima menos sazón.

Caminar por las calles de Varsovia, perderme en su ciudad antigua como lo hice hace 8 años, me recordó quién era y hasta dónde he llegado hoy. Una mujer que no le tiene miedo al reto, a salir a comerse el mundo, y que sabe que en casa lo espera su compañero de vida.
Por la mañana café, por la tarde ron
Ya estamo' en la calle, sal de tu balcón
Este viaje también me recordó que yo soy comunidad. Que donde vaya, me encanta tender puentes entre los que me conocen. Mis 4 compañeras de viaje, humildad aparte, cruzaron caminos gracias a mí. Mi momento feliz, y la razón por la que amo organizar reuniones, es ver mis mundos cruzándose y generar nuevas relaciones. Ellas son el resultado de que mis raíces peruanas se han ido asentando y fortaleciendo en territorio israelí con fuerza.
Polonia, ocho años después, me recordó que migrar nunca fue dejar de bailar. Solo fue aprender una nueva canción. Y la mía sigue siendo, sin duda, un baile inolvidable.



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