Cruzar el Rubicón con 33 años y 3 guerras encima
- Ana Gutierrez
- Mar 6
- 4 min read
Cuando aún estaba en el vientre de mi mamá, un cochebomba explotó a un par de cuadras de donde vivíamos. Es quizá lo más cerca que estuve de un ataque terrorista hasta que el 7 de octubre de 2023 llegó. Hoy no te voy a hablar de ese día, aún lo sigo procesando. Esta vez te quiero contar cómo cruzar el Rubicón con 33 años y 3 guerras encima.
Las 3 guerras
Yo creo que el 7 de octubre de 2023 definió mucho lo que hoy es mi identidad israelí. Así como muchos judíos se reencontraron con su fe, yo tuve un encuentro cara a cara con la posibilidad de morir por una bandera que, en ese entonces, aún no era mía.
Mi primera guerra me ayudó a entender cómo el mundo realmente me veía a mí, a mi matrimonio, a mi nuevo país. No fue una temporada fácil, pero logramos sobrevivirla.
Cuando creía que el contexto en el Medio Oriente iba mejor, un viernes 13 de junio de 2025, una nueva alarma nos despertó a las 3am. Israel había comenzado una nueva guerra con Irán. La guerra de los 12 días fue un curso intenso sobre cómo manejar las situaciones bélicas.
El sábado 28 de este año, estábamos en un fin de semana largo en el norte del país para celebrar mi cumpleaños adelantado. Fue durante el desayuno que recibimos la primera alarma y nos tocó correr con el resto de huéspedes al refugio antibombas del hotel. Aún teníamos una noche más en el norte, pero decidimos volver a casa, y desde ese día hasta el cierre de este artículo, nos toca correr un par de veces al día al cuarto antibombas en el departamento.

Mis 33 años
Resulta que no hay mucho significado detrás del número 33, aun así, encontré 3 escenarios y quería compartirlos contigo.
2 Samuel 5:4–5 “David tenía treinta años cuando comenzó a reinar… y reinó en Jerusalén treinta y tres años.” En este caso, 33 puede simbolizar madurez, liderazgo y un largo período de responsabilidad.
Según la tradición cristiana, Jesucristo murió a los 33 años. Llegar a los 33 se puede interpretar como plenitud de vida y transformación.
En la tradición judía, existe también Lag BaOmer, el día 33 de la cuenta del Omer. Su significado es el fin de un período de tragedia y luz después de un tiempo difícil.
33 parece un número tan vago, tan general. No es 30, no es 35, es 33. Aún así, para mí significa mucho. Cargo con 3 guerras encima, experiencias que definen mucho quién soy yo ahora, y llevo un proceso migratorio que hace poco logró un hito importante: la ciudadanía.
Mis 33 han estado marcados con momentos épicos y también difíciles. Con decisiones determinantes y momentos impulsivos. Mis 33 son todos míos, y estoy orgullosa de lo que he logrado, me encuentro en la plenitud de mi adultez. Aún a veces aterrada por el futuro y lo que pueda venir después, pero convencida de que las guerras, y la vida en general, me han preparado para todo.

Cruzar el Rubicón
Hace poco conversando con mi papá me contó de la expresión Cruzar el Rubicón. Significa tomar una decisión irrevocable, definitiva y arriesgada, un punto de no retorno. Proviene del hecho histórico en el que Julio César cruzó el río Rubicón con su ejército en el 49 a.C., desafiando al Senado romano y desencadenando una guerra civil.
Y si bien yo no he desafiado a nadie, a inicios de octubre de 2020, tomé la decisión de cambiar mi vida por completo. Me casé con un israelí y decidimos construir nuestro legado en el Medio Oriente. En ese momento no lo sabía, pero estaba comenzando a cruzar el Rubicón de mi vida.
Mi proceso migratorio ha estado marcado por muchos cumpleaños y por guerras. Año tras año he tenido que probarle al gobierno israelí que mi matrimonio era real y mis intenciones de ser una ciudadana eran genuinas. El Rubicón no es un río impresionante, pero el acto de Julio César de cruzarlo es lo que lo vuelve histórico.
Procesos migratorios por una pareja son pan de cada día, quedarte en uno mientras enfrentas guerras, antisemitismo, y odio en general, es el verdadero acto de amor, acto de valentía. Y es así, que el 15 de febrero, di el último paso para salir del otro lado del río, me dieron la ciudadanía.

¿Y ahora qué?
Aún estoy procesando que crucé el Rubicón y que vengo sobrellevando 3 guerras. Me sigo encontrando ante constantes disyuntivas cuando tengo que tomar una decisión. ¿La tomo como peruana o como israelí?
Pongo en la balanza lo que traje de Perú y le agrego lo que Israel fue reconstruyendo en mí. En estos casi 5 años cruzando el Rubicón, muchas cosas han cambiado, y otras muchas han quedado igual.
Sigo siendo la misma latina intensa de antes, pero también me volví una israelí directa que no aguanta pulgas. Aprendí a vestirme como me sienta cómoda sin que me juzguen o me falten el respeto. Israel creó ese espacio seguro para expresarme corporalmente.
Perú me enseñó a tener calle, a sortear todo tipo de escenarios, e Israel reforzó esa habilidad haciéndome pasar por distintas guerras.
Hay mucho de Perú en mí, y hay un Israel abriéndose espacio en quien yo soy. Llego a mis 33 segura de que cruzar el Rubicón fue mi mejor decisión, y que con 3 guerras encima, estoy justamente donde quiero estar, con las personas que quiero a mi alrededor (aquí o en Perú) y con las mismas ganas de seguir construyendo mi legado, que ahora le pertenece a dos naciones.



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