Tras los pasos de Hedwig
- Ana Gutierrez
- Jun 11, 2025
- 4 min read
Hace poco hicimos un viaje a Alemania con la familia de mi esposo. El objetivo era celebrar los 60 años de mi suegra y ella escogió como temática recorrer los pasos de su familia cuando vivían en Alemania. No sé cómo resumirte casi 5 días de pura historia judía en Alemania, pero aquí vamos tras los pasos de Hedwig.
Por allá en 1910 nació Hedwig, la abuela de mi suegra. Su casa familiar está ubicada en Maintal-Hochstad, Alemania. Un pequeño pueblo al este del país. Hoy la casa no es la misma, y la comunidad judía en la zona es casi inexistente. Puedes leer más sobre Hedwig aquí. Pasaron los años y Hedwig salió embarazada y por motivos personales terminó en el albergue dirigido por Bertha Pappenheim.

¿Quién era Bertha Pappenheim y de qué iba el albergue?
Bertha fue una feminista judía de nacionalidad austríaca que alcanzó renombre como defensora y pionera de los derechos de la mujer y la infancia. Puedes aprender más de ella leyendo aquí. Bertha estuvo a cargo, eventualmente, de 5 casas que servían como albergue para mujeres judías con hijos. Hoy solo queda una casa, las otras 4 fueron incendiadas por antisemitas.
En este albergue las mujeres embarazadas podían residir (si no encontraban trabajo) hasta 3 meses luego de dar a luz. Si tuvieron una hija, la bebe podía quedarse hasta los 18 años, independiente si la mamá conseguía trabajo o no. En el caso de tener un hijo, era solo hasta que este cumpliera los 5 años.


Volviendo al tema
En este albergue Hedwig dio a luz a su primera hija, y al no conseguir trabajo tuvo que irse, dejándola en manos de Bertha y compañía. Un par de años pasaron y Hedwig, mientras vivía en Wiesbaden, trajo al mundo a Rudolf, y volvió al albergue. Los nazis perseguían a los judíos sin importar su nacionalidad. Después del pogromo de noviembre de 1938, la madre llevó a los dos niños a un hogar infantil en Estrasburgo (Francia) y huyó a los Países Bajos.
Se piensa que pasaron aproximadamente unas 48 horas en una especie de convento hasta que los separaron por edades para esconderlos en diferentes casas. Rudolf fue separado de su hermana. El tan solo tenia 3 años. Durante casi 9 años Rudolph vivió como católico. Usaba una cruz, se sabia las oraciones, en un intento de protegerlo, comenzaron a borrar su identidad pero también a reeecribir su futuro. Eventualmente terminó en una institución católica en Toulouse.
Dos años después de terminarse la Segunda Guerra Mundial diferentes organizaciones judías iban por Europa buscando a los suyos, y lo encontraron. Rudolph no quería ir, no se sentía judío, no sabía que ese era su hogar. Se escapó como 3 veces pero eventualmente terminó en un barco camino a Israel.

Mientras Rudolf crecía en Francia, su mamá se volvió a casar en Holanda y cuando mandó a buscarlos mediante un telegrama a la Cruz Roja, le dijeron que no sabían dónde estaban. Mi suegro dice que fue una bendición que no los encontrara porque eventualmente Hedwig fue deportada desde el campo de tránsito de Westerbork el 14 de septiembre de 1943 al campo de concentración y exterminio de Auschwitz. Allí fue asesinada el 1 de mayo de 1945, un día antes de que el campo fuera liberado.
Mi lado egoísta romántico agradece que no los encontró, porque así Rudolf llegó a Israel, conoció a la mamá de mi suegra, y eventualmente mi suegra trajo al mundo a mi esposo. Un israelí alemán que por años negó su relación con Alemania y hoy se está enamorando de sus raíces. Rudolf era un nombre alemán, en Israel se lo cambiaron a Ruben, y así vivió su vida como un judío rescatado y llevado a la tierra prometida.
La importancia de los cementerios en la historia judía
Junto con mi esposo y su familia visitamos un par de cementerios y encontramos las lápidas de muchos familiares. A mi nunca me ha gustado esa actividad, pero esta visita cambió mi perspectiva. Estas no son visitas para mantener viva a la persona en tus recuerdos, o para fortalecer la relación. Son visitas para sanar heridas, curar vacíos.

Saber que tu familiar fue cazado y exterminado pero no saber dónde terminó genera trauma generacional, el tener la posibilidad de visitar la tumba y saber que aun cuando solo son huesos, algo de ti descansa ahí, te permite cerrar el círculo, poner a descansar años de incertidumbre, de misterios, de dolor. Mi suegra está haciendo todo lo que puede por cerrar una etapa que su papá aún estaba sanando cuando murió en el 2018.
Visitamos 2 cementerios y ubicamos varias lápidas, cada una venía con una historia, de cómo fueron perseguidos, cómo quizá si lograron escapar, o como el nazismo les acortó la vida.
¿Cuál es mi tarea hoy?
Seguir aprendiendo sobre la familia con la que me casé también significa enfrentar heridas que vienen de generaciones atrás. No podemos sanar un trauma histórico si seguimos permitiendo —en lo físico o en lo virtual— la cacería del pueblo judío.
Me toca amar a mi esposo con todo lo que eso implica: su historia, su dolor, su legado... porque ahora también son míos. Hoy me toca rugir como leona cuando alguien intenta hacerle daño a él, a los suyos, a los nuestros.
Amar a la comunidad judía puede ser desafiante, y aunque a veces me siento muy pequeña frente a esa tarea, mis raíces peruanas son firmes —soy un árbol que elige proteger a mi amor, a los suyos, a los nuestros del antisemitismo que aún persiste.
Si Hedwig lo arriesgó todo con la esperanza de que sus hijos estarían a salvo, entonces es mi honor asegurarme de que su memoria siga viva, de que su legado siga aquí.



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