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La década de RandomAna

  • Ana Gutierrez
  • Jan 9, 2025
  • 6 min read

La historia es muy simple. A inicios del 2015 decidí bajar las escaleras de mi casa con estilo y me rompí el tobillo en el proceso. Tengo una placa de titanio que cuando hace mucho frío me congela el hueso y, para decepción de muchos, no suena cuando paso controles en el aeropuerto.

Durante mi periodo de descanso decidí comenzar a escribir mis ideas, mucho tiempo en la cama da lugar a ideas locas como este blog que comencé hace ya una década. Si visitas la página podrás ver todos los temas que cubrí y cómo los artículos fueron evolucionando conforme yo crecía.

En ese entonces tenía 22 años. Acaba de terminar la universidad y estaba ganando experiencia en mi primer trabajo real. Ese mismo año, meses antes del accidente mi abuelo falleció, y meses después del accidente le diagnosticaron cáncer a mi mamá, y siendo la mujer luchona que es, lo derrotó y lleva también 10 años limpia de toda célula cancerígena.

Pasaron un par de años y di mi primer salto como adulta postulando a una maestría en el extranjero. También me despidieron por primera vez, no por mal desempeño si no por recorte de presupuesto, igual duele.

Me aceptaron para la maestría y mi siguiente salto de adulta fue sacar mi primer préstamo, en esta caso estudiantil. La simple idea de deber una espantosa suma al banco y al gobierno me tenía al borde de la crisis existencial pero al mismo tiempo, era ese dinero más mis ahorros lo que me estaba permitiendo volar.

Mi experiencia en Israel como estudiante extranjero es una etapa que recomiendo 100% experimentarla. Quizá el Medio Oriente no es para ti, el punto es que lo hagas. Viví sola por un año. Aprendí a administrar mi tiempo y mi dinero. A cuidarme sola. Lloré muchas noches, pero también reí un montón. Conocí todo tipo de personas, aprendí de sus creencias, países, culturas, personalidades. Exploré un país sin miedo a que me pase nada, me perdí entre los trenes y callejones de Israel.

Fui con un plan, y la vida se encargó de rediseñarme el futuro. Los objetivos eran sencillos, estudiar, volver al Perú, trabajar, pagar la deuda y quizá volver a salir por estudios y repetir el plan anterior. Entre mis aventuras de Ana La Exploradora conocí al que ahora es mi esposo. Me planteó una vida diferente en donde la pasábamos juntos hasta la eternidad. Lo reté a conocer el Perú, a aprender de mis creencias, mi cultura, quien yo era, y pasó el examen con sobresaliente.

Volví al Perú por casi 2 años. Aún tenía objetivos por cumplir antes de aventurarme a un nuevo proyecto que iba a cambiar mi vida. Trabajé para el sector privado pero algo no me sentaba bien, no estaba satisfecha. Un día me llamaron para el sector público y con todo el miedo del mundo acepté el reto. Le dediqué sangre, sudor y lágrimas a mejorar, aunque sea un poquito, la realidad de mi Lima hermosa.

Trabajé, pagué mis deudas, disfruté a mi familia/amigos, y de pronto un día, llegó la pandemia. Ese bicho raro que nos encerró en casa, que nos distanció de nuestros sueños y nos quitó a muchos seres queridos. Ese bicho raro que me regaló pasar mis últimos meses encerrada con mi familia, disfrutando cada minuto porque estaba escrito en el libro de la vida que el 2020 lo terminaría en el Medio Oriente. Mi abuelo paterno murió el día que recibí la noticia que mi esposo podía entrar al Perú para casarnos. ¿Coincidencia? Pienso mucho en esto, a veces.

Luchamos contra la bureocracia peruana-israelí - algún día contaré toda la historia - y uní mi vida a la de este israelí un octubre en plena pandemia. Aquí comenzó una etapa de mi vida para la cual no tenía planes de contingencia ni experiencia previa. No tenía nada más que un amor puro por este hombre y unas ganas de construir junto a él nuestro legado.

Comencé mi vida de migrante, y siempre digo que mi primer año como estudiante no cuenta porque yo nunca me vi así, era una estudiante internacional que ya mismito volvía a casa.

Mi primer año fue quizá en el que más lloré en toda mi vida. Encerrada en el depa por la pandemia, luchando con la burocracia israelí para que me otorgaran los derechos que me correspondían como esposa de un local, intentando entender un idioma totalmente extraño para mi y una cultura tan parecida como opuesta a la latina.

Nació Granadilla Podcast, un espacio que comenzó como una terapia personal pero que se volvió la plataforma para entenderme como migrante y para dar voz a tantas peruanas rompiéndola alrededor del mundo (más de 150 y seguimos contando). El proyecto creció, sigue con vida, sigue haciendo latir mi corazón y me hace sentir menos extraña en este país donde por momentos me pierdo pero ya logro encontrarme más seguido.

También decidí que una maestría no era suficiente y que mi obsesión por entender a las migrantes peruanas iba más allá de un podcast así que postulé a un doctorado. Me tocó hacer un año tipo subsanación porque aparentemente me gusta saltar entre especialidades. De comunicadora en el bachiller, a políticas públicas en la maestría, ahora a trabajo social para el doctorado. Aquí voy avanzando con mi propuesta de investigación.

Cumplí 30 años mientras viajaba en Budapest con mi esposo. Mi papá probó que su amor por mí es más que infinito. Estuvo en el teléfono conmigo celebrando mi cumpleaños mientras lloraba la muerte de su mamá. Mi abuela se fue el mismo día que cumplí 30. ¿Conicidencia? No lo sé, pienso que ella se fue y me dejó de tarea que siga rompiéndola como la nieta luchona de la abuela luchona que ella fue.

Como mi vida no parece tener muchos momentos lineales, el 2023 terminó con 2 eventos importantes en mi vida. El primero fue el 7 de octubre, donde me levanté en medio de una guerra que Hamás decidió declararle a Israel. Donde corrí a buscar refugio a nuestro cuarto anti bombas y donde me tocó mandar a mi esposo a las reservas del ejército israelí. De esto también hablaré en otra publicación. El segundo evento fue la creación de Mixed Neshamot. Un grupo de mujeres en visa de pareja con un israelí decidimos unirnos y crear un espacio para apoyarnos mutuamente. Más adelante te contaré más al respecto.

El 2024 comencé oficialmente con el primer año del doctorado, me seguí asentado como jefa de operaciones para una pequeña start up israelí, hice mi penúltima renovación de residencia, este año se viene la ciudadanía con todo y tuve la oportunidad de visitar Perú 2 veces. Volver a casa siempre será un privilegio para mí. El 2024 fue un año para plantar mejor mis raíces y descubrir escenarios nuevos como el antisemitismo actual y cómo enfrentarlo, y otras cosas más que espero contarte más adelante.

Esta vida de migrante, este universo que representa vivir en el Medio Oriente me ha regalado personas maravillosas que ahora merecen un nuevo capítulo en el libro de mi vida. Así también, estos 10 años se han encargado de quitar gente de mi camino, gente que yo pensaba que sumaban y eran incondicionales, resulta que solo eran del momento.

Yo a minutos de publicar este primer artículo
Yo a minutos de publicar este primer artículo

Y así, han pasado 10 años desde que RandomAna nació. Una década poco lineal y con muchos eventos canónicos como dirían las jóvenes hoy en día. Una década donde he llorado, reído, renegado, sufrido y disfrutado de vivir una vida plena, sin arrepentimientos ni dudas.

Por supuesto que a veces me pregunto cómo sería mi vida si no hubiera conocido a mi esposo, o si hubiéramos decidido hacer nuestra vida en Perú y no en Israel. Es como que todos esos multiversos son potencialmente interesantes pero no tan satisfactorios como en el que estoy viviendo.

Han pasado 10 años desde mi primer artículo en RandomAna. Quienes me leyeron seguido seguramente vieron mi crecimiento. Quizá rieron conmigo, y hasta se molestaron conmigo, está bien. No es que ya no soy RandomAna, pero luego de 10 años era necesario darle espacio a una Ana más madura, más vivida, más segura de lo que quiere decir y con mucho más por compartir con el mundo.

La Ana que se cayó por las escaleras sigue aquí, es solo que la Ana que cruzó el charco para empezar de nuevo quiere y necesita su propio espacio. Con 4 años como migrante, es hora de comenzar una nueva década con la hoja en blanco, o en este caso, con la página web limpia.

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